|
Sueños
Era una noche con un cielo increíblemente límpido
Tu mano tomaba la mía y su conocido y leve temblor
lo disimulaba con la extraña forma de un caracol que
nos inclinó mutuamente para fijar la mirada en el
arenoso lecho.
Nos tendimos en la playa, tu mano soltó la mía para
enlazar mi cintura y fue el preludio del beso tierno
que rozó mis labios haciendo fijar la mirada en la luna que sonreía complacida en lo más alto del firmamento.
Era el desbordamiento de una pasión largamente
contenida, el desenfreno del deseo mantenido en el
torrente interior del devenir sanguíneo, la entrega total
de lo más profundo de un sentimiento arraigado. Luego…
La placidez, el suave murmullo de las olas rozando
nuestros pies, mientras despertaba de nuevo la ansiedad, el anhelo de sentirte muy dentro, de que la exquisita experiencia se duplicara, se triplicara, mientras la aurora anunciaba el nuevo día. Desperté. Fue un sueño. Lo sé.
Pero tú, mi amor, nunca me digas que lo fue.
|